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“Clarín consiguió con Cambiemos lo que le había negado la Justicia”

El referente de la comunicación comunitaria sostiene que el gobierno de Mauricio Macri destruyó la ley de Servicios de Comunicación Audiovisual y que el Grupo Clarín consolidó posiciones con el Decreto 267. Además, propone articular los medios populares para romper el cerco informativo.

Militante reconocido por la comunicación libre a nivel nacional e internacional, Néstor Busso fue presidente del Foro Argentino de Radios Comunitarios (FARCO), creador de la Fundación Alternativa Popular de Viedma (propietaria de FM Encuentro) y en la actualidad es directivo de la Asociación Latinoamericana de Enseñanza Radiofónica (ALER). Desde esa experiencia, reflexiona sobre el presente comunicacional de nuestro país.

– Después de seis meses de gobierno de Mauricio Macri, ¿hacia dónde va la Argentina en materia de comunicación?

– Estamos en una clara regresión. Se están violando estándares internacionales en materia de libertad de expresión, claramente. En términos de derechos humanos decir regresión es un tema muy grave, porque uno de los principios básicos de los derechos humanos es la “no regresividad”; cuando se conquista un derecho, el Estado no puede volver atrás desconociéndolo.

– ¿Cuál es su opinión sobre el Decreto 267, que modificó la ley de Servicios de Comunicación Audiovisual?

– El Decreto 267 destruye la ley de Servicios de Comunicación Audiovisual aprobada en 2009 como producto de una gran movilización social. Algún diputado oficialista dijo que sólo se modificaron 23 artículos. Sí, pero se modificó lo sustancial de la ley; se cambió la autoridad de aplicación, un entramado de varios organismos con controles cruzados y participación de las provincias y de varios sectores; se colocó un directorio de mayoría claramente oficialista, que ni siquiera se conformó, porque tendría que estar integrado por siete miembros, pero tiene cuatro elegidos por el Poder Ejecutivo y así está funcionando. Eso es violatorio a la Convención Americana de Derechos Humanos, que establece que la autoridad regulatoria debe ser independiente del poder político. Por otra parte, se eliminan los límites a la propiedad, a la concentración y esto también viola los derechos humanos. La concentración en la propiedad de los medios, facilitando oligopolios o monopolios, viola la libertad de expresión. Esto lo dijo hace pocos días, una vez más, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Resulta que uno ahora cuando mira una pantalla conectada por un sistema de cable no está mirando televisión, es telecomunicación, y por lo tanto todas las normas relacionadas con un servicio de comunicación audiovisual ya no rigen para la televisión por cable. Esto es grave porque al cambiarse el área, del servicio de comunicación audiovisual a telecomunicaciones, se está cambiando la figura bajo la cual en el mundo se definen un servicio u otro. Las telecomunicaciones están liberadas al mercado e internacionalmente regidas por la Organización Mundial de Comercio. Los servicios de comunicación audiovisual están protegidos por la Convención sobre la diversidad de las expresiones culturales de la Unesco. Son dos campos totalmente diferentes.

– ¿Ese cambio modifica de manera radical el escenario de la televisión paga?

– Sí, porque queda absolutamente desregulada. Ya sin límites a la propiedad pueden brindar licencias en todos los puntos del país, cuando antes solo podían hacerlo hasta en 24 localidades. Las empresas pueden fusionarse, comprarse y venderse porque el actual gobierno considera los servicios de comunicación audiovisual y las telecomunicaciones como un negocio comercial y dice “los medios tienen que competir”, como si fuera una cuestión de mercado, y niegan que la comunicación es un derecho humano fundamental. Esta era la idea central de la ley que conquistamos como un avance de la democracia en 2009. Un derecho humano fundamental en el que se basan muchos otros derechos. Esta sigue siendo la gran discusión: si la comunicación es un derecho de todos los ciudadanos, y por lo tanto el Estado tiene que garantizarlo, o si la comunicación es un negocio que el Estado tiene que facilitar.

– En este esquema se ve muy favorecido el Grupo Clarín, porque con el cable ha podido mantener todos estos años a aquellos otros medios con los que hace política, como el diario, la radio o la señal de televisión.

– El Grupo Clarín consiguió con el decreto de Macri todo lo que se le había negado en la Justicia, o sea la demanda de Clarín contra la ley de Servicios de Comunicación Audiovisual que terminó con un excelente fallo de la Corte Suprema de Justicia. Todo eso lo logró a través del decreto. Liberar el cable significa cifras fabulosas de facturación. Hay que tener en cuenta que en Argentina el 83% de los hogares ven televisión por un sistema pago. Son 3.600.000 los usuarios de Cablevisión. Si calculamos un mínimo de 500 pesos por usuario son 1.800 millones de pesos de facturación mensual solo de abono. Una cifra realmente fabulosa con la cual hacen funcionar todo el sistema.

– En este contexto que facilita la concentración, ¿la sociedad va a tener dificultades para conseguir información sobre lo que realmente sucede?

Hay un cerco de protección muy fuerte a las políticas del gobierno por parte de los grandes medios que responden al poder económico, y que son parte de ese poder. Hay que tener en cuenta que esas empresas no son periodísticas, ya son grupos económicos que tienen intereses en diversos sectores de la economía y también de los medios. Como trabajadores de la comunicación, como medios que queremos ejercer el derecho a la comunicación, tenemos la responsabilidad de saltar ese cerco mediático produciendo información. En eso estamos las radios y televisoras comunitarias, experiencias cooperativas, iniciativas privadas comerciales locales, con arraigo local, y también como público, como receptores tenemos que buscar y seleccionar los medios.

– Corrupción fue la palabra clave que utilizaron los grandes medios y los poderes fácticos para erosionar a los gobiernos populares en la Argentina y Latinoamérica, en una clara estrategia que supo articular la política y la comunicación, ¿esto los pone en evidencia?

Sí, quedan en evidencia los intereses de los medios de comunicación más poderosos. Cómo hacen agenda, cómo colocan en debate temas que ellos fabrican como importantes. Todos estamos en contra de la corrupción. Ahora, estos medios tienen la capacidad de tomar algunos hechos y colocarlos como si eso fuera el centro de los problemas del país, para dejar de lado la implementación de políticas que favorecen a unos pocos.

-¿Cree usted que desde la construcción estratégica del campo popular se entendió en profundidad la necesidad de contar con herramientas para intervenir con éxito en este escenario?

Creo que todavía falta debatir mucho este tema, porque se intentó combatir el poder de grandes grupos económicos mediáticos favoreciendo la creación de otros medios. Es decir, frente al monstruo creamos monstruitos, pero con la misma lógica. Me parece que faltó apoyar más decididamente a los medios de los sectores populares, a los que representan genuinamente la diversidad de nuestro pueblo. Ahí tuvimos una debilidad, tuvimos fallas, falta de claridad, en búsqueda de enfrentar la coyuntura. También hay que decir que no hay experiencia exitosa en el mundo para combatir este poder económico, porque es la lógica del sistema capitalista en los medios de comunicación y la información convertida en una mercancía y eso se compra y se vende de acuerdo a los intereses de quien tiene más dinero, por lo que modificar ese esquema no es fácil.

– Hace unos días el vicepresidente de Bolivia, García Linera, dijo que en la medida en que los sectores populares no aprehendan los caminos que conduzcan al poder económico para desarrollar la actividad política, el dinero lo van a seguir teniendo las corporaciones o quien ocupe circunstancialmente el Estado, y que de esa manera no van a tener éxito.

– Me pareció brillante ese discurso porque marca con mucha claridad los avances de los gobiernos populares en América Latina. Tenemos que fortalecer los medios que surjan de nuestro pueblo, en toda su diversidad, y también, claro, ponerle límites al poder de los grandes medios concentrados. En eso hubo intentos y de hecho no tuvimos éxito.

– ¿Cree oportuna la búsqueda de puentes entre los medios que pretenden dar la información que no dan los hegemónicos, al menos en el norte de la Patagonia o en la región?

– Sí, estamos tratando de articular distintas redes con diferentes medios. Nuestra región de la norpatagonia tiene una identidad, no solo geográfica, sino cultural y política con la que podríamos articular una estrategia que vaya rompiendo ese cerco mediático, que vaya acercando la información de cada localidad al conjunto. Esto se puede resolver desde una mirada común y por eso me parece que es conveniente articular la información de los medios locales en nuestra región y en todo el país. Hay que ir tejiendo redes de comunicación para convertir en noticia esas cosas que parecen pequeñas, que parece que pasan solo en un lugar, pero que nos afectan a todos.

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