Un grito de libertad ?>

Un grito de libertad

El fundador de Wikileaks lleva cuatro años confinado en la embajada de Ecuador en Londres ¿Su delito? Haber difundido en noviembre de 2010 más de 250.000 cables reservados de la diplomacia de los Estados Unidos que ponen en evidencia crímenes, espionaje y traiciones.

de junio de 2012 un hombre rubio y desgarbado cruzó con paso seguro la calle Hans Crescent. Se dirigió hacia uno de los bellos edificios con ladrillos a la vista, de un rojo intenso, que hay en el apacible barrio londinense de Knightsbridge, muy cerca de las tiendas Harrods. Antes de entrar se detuvo a observar la bandera amarilla, roja y azul que apenas se movía sobre un balcón de rejas blancas. Debajo, el escudo de la República del Ecuador. Después atravesó la puerta y dijo: soy Julián Assange, editor jefe de Wikileaks, y vengo a solicitar asilo político. Desde ese entonces pasaron cuatro años; 1.468 días en que el ciberactivista no pudo abandonar el edificio.

Desde ese día el gobierno inglés, acicateado por los Estados Unidos, presionan al presidente Rafael Correa para que se deshaga del incómodo huésped. Sin embargo, la terca valentía del gobierno ecuatoriano es acompañada por millones de personas en todo el mundo que saben que la defensa de Assange es la defensa de su derecho a estar informados y a denunciar la impunidad de los poderosos.

El gobierno británico llegó incluso a amenazar con una inédita intervención armada sobre la sede diplomática, lo que hubiese significado un acto de guerra. Algo que finalmente no ocurrió, pero la presión sobre Assange y Ecuador sigue por otros medios. Las manifestaciones de solidaridad también. Y se multiplican, como ocurrió el viernes pasado con la Semana Internacional por la Libertad de Julian Assange, que tuvo su capítulo argentino con una teleconferencia organizada por la Universidad de Buenos Aires de la que participó el propio Assange.

Según esos reportes (Wikileaks), Nisman anticipaba a la sede diplomática (EEUU) medidas judiciales referidas a su investigación de la voladura de la AMIA, mantenía reuniones periódicas en la embajada, lo alentaba a seguir la pista iraní, e incluso rendía cuentas de su actuación (O’Donell)

Lo que el mundo debe preguntarse es por qué el creador de Wikileaks está encerrado en un edificio desde hace cuatro años, sin respirar aire puro, tener contacto con sus seres queridos ni recibir asistencia médica. Los hechos hablan por sí solos. Estados Unidos, a través de una causa judicial impulsada en Suecia por un delito sexual que Assange niega, quería apresarlo.

Si Assange es detenido, haría una breve escala en los tribunales suecos y sería extraditado a los Estados Unidos. Allí, probablemente, lo condenarían a muerte. ¿El crimen? Haber hecho público, en noviembre de 2010, 251.287 cables reservados de la diplomacia norteamericana que ponen en evidencia los crímenes cometidos en Iraq y Afganistán, como así también el monitoreo sobre la situación política de 180 países y de decenas de líderes políticos de todo el globo que hace ese país.

La revelación por la que Estados Unidos está a la caza de Assange representó, según Thomas Blanton, director del National Security Archive, el 1,25% de los secretos diarios que produce esa nación, cuya diplomacia genera 20 millones de partes diarios.

Gran Hermano

Para tener una idea del tipo de material develado por Wikileaks se puede recurrir a los cables que la embajada de los Estados Unidos en Buenos Aires envío al Departamento de Estado y que fueron difundidos por el periodista Santiago O’Donnell, quien entrevistó en cinco oportunidades a Assange y fue autorizado por éste a hacer públicas sus filtraciones a través de la prensa y de los libros ArgenLeaks (2011) y PolitiLeaks (2014).

En los cables a los que tuvo acceso O’Donnell queda al descubierto, por ejemplo, la rendición de cuentas del ex fiscal Alberto Nisman, responsable de investigar la causa AMIA, al gobierno norteamericano. Recordemos que Nisman apareció muerto, con un tiro en la cabeza, el 18 de enero de 2015 en su departamento de la Torre Le Parc. Es decir, casi cinco años después de que Wikileaks revelara su cuestionada actuación.

Según esos reportes, Nisman anticipaba a la sede diplomática medidas judiciales referidas a su investigación de la voladura de la AMIA, mantenía reuniones periódicas en la embajada, lo alentaba a seguir la pista iraní, e incluso rendía cuentas de su actuación –con disculpas incluidas, como cuando no anticipó que pediría el procesamiento del ex presidente Carlos Menem- a los funcionarios estadounidenses.

“Assange ha tenido un impacto enorme en la actividad de los periodistas”, explica O’Donnell, quien asegura que esa tarea “permitió transparentar un montón de relaciones”.

El periodista recuerda que gracias a las filtraciones de Wikileaks “nos enteramos que Massa, era el más traidor de todos, directamente puteaba al gobierno (en la embajada estadounidense) estando como funcionario en la Casa Rosada; que Randazzo iba a la embajada (EEUU) y decía todo lo contrario de lo que sostenía su presidenta en público; y que Pampuro (José, ex ministro de Defensa) durante diez años se la pasó tirándole mierda en la embajada (EEUU) al gobierno del que formaba parte”.

Assange también produjo un gran impacto geopolítico con sus investigaciones y publicaciones. “Con él aprendimos –sostiene O’Donnell- lo que luego confirmó un especialista como (Edward) Snowden, que todas las comunicaciones en Argentina, absolutamente todas, son observadas por los servicios de inteligencia de los Estados Unidos”.

La agresión sin guerra

El trabajo de Wikileaks comenzó en el año 2007. Desde entonces ya lleva publicados más de 10 millones de documentos que permiten a ciudadanos de cualquier parte del mundo y a los medios de comunicación acceder a información tan calificada como “sensible” para los poderes mundiales.

Esos documentos suelen revelar todo tipo de tropelías, matanzas y arbitrariedades. Uno de los ejemplos más conmovedores fue el video filtrado por el soldado estadounidense Chelsea Manning, donde se observa a un helicóptero norteamericano baleando a un grupo de civiles en Irak, entre los que se encontraban dos periodistas de la agencia de noticias Reuters.

Wikileaks también difundió 92.000 documentos militares sobre la guerra de Afganistán, de los cuales más de 15.000 no se publicaron para proteger la identidad de algunas personas, pertenecientes al período 2004-2009. Una síntesis del material fue a parar en 2010 a las páginas de los periódicos The Guardian, The New York Times y Der Spiegel.

Otra filtración relevante fueron los 391.832 reportes de campo de la Guerra de Irak, que cubren el mismo rango de años que los referidos a Afganistán y fueron difundidos, también por decisión de Assange, por The Guardian, The New York Times, Le Monde, Der Spiegel, Al Jazeera y el Bureau of Investigative Journalism.

Nadie tolera que un hackerglobal libre se apodere de las propias comunicaciones, porque los estados sede del capital financiero no pueden hacer públicos sus crímenes y mentiras (Zaffaroni)

Wikileaks difundió, en el año 2007, los “Procedimientos Operativos Estándar para el Campo Delta”, manual del Ejército de los Estados Unidos para los prisioneros en la base militar norteamericana de Guantánamo (Cuba). Con ese material nadie pudo ya negar lo que era un secreto a voces: la violación sistemática de los derechos humanos de los prisioneros sindicados como terroristas, sin acusación formal ni juicio, por el gobierno norteamericano.

En febrero de 2012 Wikileaks publicó más de cinco millones de correos electrónicos de la empresa de seguridad estadounidense Stratfor. Según la red, Stratfor es “una compañía que figura como editora de informes, pero que provee de servicios de información confidencial para grandes corporaciones, como Dow Chemical Co. (responsable del desastre de Bhopal), Lockheed Martin, Northrop Grumann, Raytheon y agencias del gobierno, incluido el Departamento de Seguridad de la Patria, los Marines y la Agencia de Inteligencia de Defensa de EEUU”.

Para Raúl Zaffaroni, ex ministro de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, la persecución a Assange tiene una explicación menos evidente. “Los hackers de los estados sede del capital financiero no son perseguidos por la Justicia, sino monopolizados y estatizados, pero él es un hacker global libre, peligroso para los hackers estatales y sus patrones, porque está contra el monopolio estatal”.

“En el derecho internacional está prohibida la guerra de agresión, pero ese monopolio permite la agresión sin guerra”, abunda Zaffaroni, para quien “nadie tolera que un hackerglobal libre se apodere de las propias comunicaciones, porque los estados sede del capital financiero no pueden hacer públicos sus crímenes y mentiras. La opacidad de los crímenes estatales sólo la puede garantizar el monopolio estatal del hackeo.

             
       En el capítulo argentino de la semana internacional en reclamo por la liberación de Julian Assange, hablaron con Assange a
través de internet, el periodista Santiago O’Donnell, la ex embajadora en Venezuela y Reino Unido, Alicia Castro, el embajador
para el mundo de Wikileaks, Joseph Farrell y la decana de la Faculta de Periodismo de La Plata, Florencia Saintout.
 

Lanzador de alertas

La vigilancia de Assange ya le costó 15 millones de dólares al gobierno del Reino Unido, que en octubre de 2015 retiró el “dispositivo físico” alrededor de la sede diplomática pero no la orden de captura. Esto a pesar de que el Grupo Contra Detenciones Arbitrarias de la Organización de las Naciones Unidas, que investigó el caso durante más de un año, determinó que el periodista fue detenido arbitrariamente y que debe ser liberado y compensado.

Sin embargo, tanto Suecia como el Reino Unido se niegan a cumplir con la resolución. Incluso, las autoridades inglesas no permiten el traslado de Assange para recibir atención médica en un hospital, al que necesita ir desde hace mucho tiempo por un dolor muy fuerte en su brazo izquierdo. Situación que se agrava porque ningún médico británico lo quiere visitar en la embajada donde está asilado por temor a represalias.

El pecado de Assange es haber hecho visible lo invisible. Su detención manifiesta la crueldad de un mundo prepotente. Es una vergüenza internacional (Paenza)

“Pedimos a las autoridades del Reino Unido que por razones humanitarias le respeten a Julian Assange su derecho de asilo para que pueda trasladarse a Ecuador”, dijo O’Donnell durante la conferencia realizada el viernes último en Buenos Aires para pedir la libertad del ciberactivista.

“Tamaña persecución habla de lo que quieren ocultar esos gobiernos y de su intención aleccionadora, para que nadie se atreva a denunciar crímenes de guerra y de lesa humanidad y operaciones desestabilizadoras en naciones soberanas”, denuncia Estela de Carlotto, titular de Abuelas de Plaza de Mayo, quien no duda en reclamar “que se cumpla con lo resuelto por Naciones Unidas y termine el confinamiento arbitrario de Assange”.

“Vivimos en un mundo donde se pasa por encima de los derechos de las personas”, advirtió Florencia Saintout, decana de la Facultad de Periodismo de la Universidad de La Plata, quien citó a Noam Chomski para recordar que “Assange es un lanzador de alertas”.

“Alerta para los periodistas, que por los intereses de los dueños de los medios enfrentan enormes dificultades para llegar a la verdad; y alerta para los ciudadanos, que necesitan bregar para obtener información valiosa”, consignó.

En el mismo sentido, el periodista y matemático Adrián Paenza asegura que “el pecado de Assange es haber hecho visible lo invisible. Su detención manifiesta la crueldad de un mundo prepotente. Es una vergüenza internacional”.

Alicia Castro, cuya primera actividad como embajadora argentina ante el Reino Unido durante el gobierno de Cristina Kirchner fue visitar a Assange, considera al periodista como “un héroe de nuevo tipo” y destaca que su gran aporte es haber revelado, “de manera exponencial, la presencia permanente de los Estados Unidos en América Latina “.

      Alicia Castro, de asidua relación con Assange, lo despide en la teleconferencia realizada en instalaciones de la UBA.
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